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miércoles, 10 de enero de 2024

¿Cómo pudo arraigar en la sociedad romana la fe cristiana?

 ¿Cómo pudo arraigar en la sociedad romana la fe cristiana, que defendía postulados éticos contrarios a los que regían las relaciones entre los hombres?

Una revolución gigantesca

POR JUAN MANUEL DE PRADA                            

Una visita a Roma, siguiendo las huellas del cristianismo primitivo, me ha impuesto un motivo de reflexión. ¿Cómo pudo arraigar en la sociedad romana una fe como la cristiana, que se sustentaba sobre una visión monoteísta de la divinidad y defendía postulados éticos totalmente extraños, incluso adversos, a los que por entonces regían las relaciones entre los hombres?

Basta leer la brevísima Carta de San Pablo a Filemón, en la que le propone que manumita a su esclavo Onésimo y lo acoja como si de un «hermano querido» se tratase, para que advirtamos que la conversión a la nueva fe proponía una subversión radical de los valores vigentes.

La esclavitud no era tan sólo una situación plenamente reconocida por la ley; era también el cimiento de la organización económica romana. Podemos entender que un esclavo se sintiese seducido por la prédica de un cristiano que le aseguraba que ningún otro hombre podía ejercer dominio sobre él.

Pero, ¿cómo un patricio que funda su fortuna sobre el derecho de propiedad que posee sobre otros hombres se aviene a amarlos «no sólo humanamente sino como hermanos en el Señor», no porque ninguna obligación legal se lo imponga, sino «por propia voluntad», como San Pablo le aconseja a Filemón que haga con Onésimo? Semejante cambio de mentalidad exige una revolución interior gigantesca.

Pongámonos en el pellejo de un patricio romano de los primeros siglos de nuestra era. Sabemos que por aquella época el culto a las divinidades del Olimpo era cada vez más laxo y protocolario. Sabemos también que los sucesivos emperadores que siguieron a Julio César se nombraron a sí mismos dioses, en un acto de arrogancia megalómana que a cualquier patricio romano con inquietudes espirituales le resultaría repugnante.

Probablemente ese patricio romano al que tratamos de evocar hubiese dejado de creer en los dioses paganos, cuyas andanzas se le antojarían una superchería; pero su mentalidad seguía siendo politeísta. La creencia en un Dios único se le antojaría un desatino propio de razas híspidas y fanáticas, oriundas de geografías desérticas, ajenas a la belleza multiforme del mundo.

Pero entonces nuestro patricio romano repara en la novedad del cristianismo. Dios se ha hecho hombre: no para encumbrarse en un trono y para que los demás hombres se prosternen a su paso, como hacían los degenerados emperadores a quienes le repugnaba adorar, ni para disfrutar de tal o cual gozo mundano, como hacían los habitantes del Olimpo; sino para participar de las limitaciones humanas, para probar sus mismas penalidades, para acompañar a los hombres en su andadura terrenal.

Y, al hacerse hombre, Dios hace que la vida humana, cada vida humana, se torne sagrada; a través de su encarnación, el Dios de los cristianos logra que cada ser humano, cada uno de esos «pequeñuelos» a los que se refiere el Evangelio, sea reflejo vivo, portador de divinidad. De repente, ese patricio romano siente que por fin ha hallado una fe que le permite adorar a un Dios único y seguir venerando la belleza multiforme del mundo de un modo, además, mucho más exigente, puesto que ahora esa belleza es sagrada, está poseída por ese Dios que ha querido compartir su misma naturaleza humana.

Para ese imaginario patricio romano que ahora tratamos de evocar en su proceso de conversión desde la mentalidad politeísta tuvo que desempeñar un papel decisivo el culto a los santos. En ellos debió encontrar una simbiosis perfecta entre aquella «virtus» que cultivaron sus ancestros y la nueva fe que hacía de cada hombre un portador de divinidad.

Y, sobre todos ellos, la figura de María. Los dioses del Olimpo elegían a las mujeres más bellas y distinguidas para disfrutar de un placentero revolcón y enseguida abandonar el lecho, con los primeros clarores del alba; el Dios de los cristianos había elegido a la mujer más humilde, una paria de Galilea, casada con un carpintero zarrapastroso, para quedarse en ella, para hacerse visible ante los hombres, para hacerse uno de ellos, a través de ella.

En la sociedad romana, la mujer ocupaba un lugar vicario del hombre; al haber confiado en una mujer como depositaria de su divinidad, el Dios cristiano había encumbrado la naturaleza femenina hasta cúspides inimaginables.

De repente, nuestro patricio romano supo que Dios estaba en él, que Dios estaba dentro de cada hombre y de cada mujer. Y se dispuso a abrazar esa revolución gigantesca con un ardor hasta entonces desconocido.




viernes, 8 de febrero de 2019

V Carta del diablo a su sobrino. Sobre la Guerra.

V Carta

Mi querido Orugario:
Es un poquito decepcionante esperar un informe detallado de tu trabajo y recibir, en
cambio, una tan vaga rapsodia como tu última carta. Dices que estás "delirante de alegría" porque los humanos europeos han empezado otra de sus guerras. Veo muy bien lo que te ha sucedido. No estás delirante, estás sólo borracho. Leyendo entre las líneas de tu desequilibrado relato de la noche de insomnio de tu paciente, puedo reconstruir tu estado de ánimo con bastante exactitud. Por primera vez en tu carrera has probado ese vino que es la recompensa de todos nuestros esfuerzos —la angustia y el desconcierto de un alma humana—, y se te ha subido a la cabeza. Apenas puedo reprochártelo. No espero encontrar cabezas viejas sobre hombros jóvenes. ¿Respondió el paciente a alguna de tus terroríficas visiones del futuro? ¿Le hiciste echar unas cuantas miradas autocompasivas al feliz pasado? ¿Tuvo algunos buenos escalofríos en la boca del estómago? Tocaste bien el violín, ¿no? Bien, bien, todo eso es muy natural. Pero recuerda, Orugario, que el deber debe anteponerse al placer. Si cualquier indulgencia presente para contigo mismo conduce a la pérdida final de la presa, te quedarás eternamente sediento de esa bebida de la que tanto estás disfrutando ahora tu primer sorbo. Si, por el contrario, mediante una aplicación constante y serena, aquí y ahora, logras finalmente hacerte con su alma, entonces será tuyo para siempre: un cáliz viviente y llenó hasta el borde de desesperación, horror y asombro, al que puedes llevar los labios tan a menudo como te plazca. Así que no permitas que ninguna excitación temporal te distraiga del verdadero asunto de minar la fe e impedir la formación de virtudes. Dame, sin falta, en tu próxima carta, una relación completa de las reacciones de tu paciente ante la guerra, para que podamos estudiar si es más probable que hagas un mayor bien haciendo de él un patriota extremado o un ardiente pacifista. Hay todo tipo de posibilidades. Mientras tanto, debo advertirte que no esperes demasiado de una guerra. Por supuesto, una guerra es entretenida. El temor y los sufrimientos inmediatos de los humanos son un legítimo y agradable refresco para nuestras miríadas de afanosos trabajadores. Pero ¿qué beneficio permanente nos reporta, si no hacemos uso de ello para traerle almas a Nuestro Padre de las Profundidades? Cuando veo el sufrimiento temporal de humanos que al final se nos escapan, me siento como si se me hubiese permitido probar el primer plato de un espléndido banquete y luego se me hubiese denegado el resto. Es peor que no haberlo probado. El Enemigo (Dios), fiel a sus bárbaros métodos de combate, nos permite contemplar la breve desdicha de Sus favoritos sólo para tantalizarnos y atormentarnos..., para mofarse del hambre insaciable que, durante la fase actual del gran conflicto, su bloqueo nos está imponiendo. Pensemos, pues, más bien, cómo usar que cómo disfrutar esta guerra europea. Porque tiene ciertas tendencias inherentes que, por sí mismas, no nos son nada favorables. Podemos esperar una buena cantidad de crueldad y falta de castidad. Pero, si no tenemos cuidado, veremos a millares volviéndose, en su tribulación, hacia el Enemigo (Dios), mientras decenas de miles que no llegan a tanto ven su atención, sin embargo, desviada de sí mismos hacia valores y causas que creen más elevadas que su "ego". 
Sé que el Enemigo desaprueba muchas de esas causas. Pero ahí es donde es tan injusto. A veces premia a humanos que han dado su vida por causas que Él encuentra malas, con la excusa monstruosamente sofista de que los humanos creían que eran buenas y estaban haciendo lo que creían mejor. 
Piensa también qué muertes tan indeseables se producen en tiempos de guerra. Matan a hombres en lugares en los que sabían que podían matarles y a los que van, si son del bando del Enemigo (Dios), preparados. ¡Cuánto mejor para nosotros si todos los humanos muriesen en costosos sanatorios, entre doctores que mienten, enfermeras que mienten, amigos que mienten, tal y como les hemos enseñado, prometiendo vida a los agonizantes, estimulando la creencia de que la enfermedad excusa toda indulgencia e incluso, si los trabajadores saben hacer su tarea, omitiendo toda alusión a un sacerdote, no sea que revelase al enfermo su verdadero estado! Y cuán desastroso es para nosotros el continuo acordarse de la muerte a que obliga la guerra. Una de nuestras mejores armas, la mundanidad satisfecha, queda inutilizada. En tiempo de guerra, ni siquiera un humano puede creer que va a vivir para siempre.



Sé que Escarárbol y otros han visto en las guerras una gran ocasión para atacar la fe,
pero creo que ese punto de vista es exagerado. A los partidarios humanos del Enemigo, Él mismo les ha dicho claramente que el sufrimiento es una parte esencial de lo que Él llama Redención; así que una fe que es destruida por una guerra o una peste no puede haber sido realmente merecedora del esfuerzo de destruirla. Estoy hablando ahora del sufrimiento difuso a lo largo de un período prolongado como el que la guerra producirá. Por supuesto, en el preciso momento dé terror, aflicción a dolor físico, puedes coger a tu hombre cuando su razón está temporalmente suspendida. Pero incluso entonces, si pide ayuda al cuartel general del Enemigo, he descubierto que el puesto está casi siempre defendido.
Tu cariñoso tío,

ESCRUTOPO (El Diablo)


Cartas del Diablo a su sobrino - C.S. Lewis.

domingo, 11 de noviembre de 2018

Desmontando a la extrema izquierda, Bakunin y Marx.

La extrema izquierda tan implantada actualmente en nuestra sociedad está formada principalmente por el anarquismo y el comunismo con sus vertientes progres. No meteremos en el mismo saco al socialismo pre-marxista, puesto que éste era muy variado y se centraba fundamentalmente en mejorar las condiciones de la clase obrera. En este artículo analizaremos su trasfondo, sus fundamentos reales, fundamentos que el militante medio de extrema izquierda ya sea anarquista o comunista, ignora por completo. El anarquismo, al igual que el comunismo defiende a ultranza el materialismo y ataca con vehemencia al cristianismo y sus valores. Resumiendo, creen que solo existe lo que vemos, la materia, y que lo espiritual no existe, que son cosas de la imaginación (pero en cambio su utopía proletaria no...), creen que la aparición de la vida y la perfección del universo se deben al fruto de la casualidad. Como podemos ver, es una concepción muy simplista que destila una gran cortitud de miras, algo cavernícola podríamos decir. Este tipo de opiniones están basadas en la ignorancia (ya que no conocen el cristianismo en profunidad, se quedan solo en lo superficial) cuando no directamente en la manipulación intencionada, como es el caso de Bakunin.

El fundador del anarquismo perteneció a la masonería (la cual, en realidad, desprecia profundamente el ateísmo como queda patente en las Constituciones de Anderson, aunque lo propagan por mero pragmatismo) y creía en Lucifer, más conocido como Satanás, al cual ensalzaba, y esto se le escapa en su propio libro "Dios y el estado". No pudiendo refrenar su soberbia, acaba desvelando sus intenciones reales.

Bakunin, al igual que Marx y otros autores de renombre de la extrema izquierda, criticaba con saña al cristianismo más que a ninguna otra religión, aunque luego también cargaba contra todas, de un modo más generalizado y con más suavidad (veasé ese incongruente respeto y casi veneración que tienen actualmente tanto anarquistas como comunistas hacia el islam...), pero se centraba en el cristianismo y sobretodo en el catolicismo por ser el baluarte de los valores europeos, de la civilización occidental, a la cual odiaba; y tanto él como sus colegas "intelectuales" querían sustituirla por una nueva civilización de valores invertidos basada en la doctrina cabalística que ellos mismos profesaban, propia del ocultismo judío y la masonería. 

Para ello decidieron forjar el anarquismo y el comunismo, los cuales atacaban frontalmente cada uno de los pilares de la civilización occidental: Dios, familia y patria, es decir, el cristianismo y sus valores. Cuando hablamos de cristianismo nos referimos al católico y ortodoxo, puesto que el protestantismo les fue muy útil como primera fase para corromper Occidente durante los tres siglos anteriores, gracias a su estrecha unión con la masonería y a la propagación del capitalismo calvinista, así como la "libre interpretatio" muy cercana al relativismo moral.

Bakunin y sus camaradas sabían perfectamente que necesitaban una ideología que invirtiera los valores, una ideología que luchara contra los valores cristianos, contra la tradición, contra el orden y el sentido común, puesto que el orden representa a Dios, mientras que el desorden y la sinrazón representan a Satanás.  

Marx, de origen judío y familia burguesa, hizo lo propio pero sabía que sin un mínimo de orden no se podía lograr nada consistente, aquí radica la diferencia fundamental entre dichas ideologías, una acepta cierto orden, quiere autoridad, poder estatal, y la otra no, pero los fines son los mismos, acabar con la civilización occidental y con la ley natural cristiana (la ley natural se basa en el sentido común), imponiendo la voluntad de Satanás, reproduciendo así en nuestro mundo, la rebelión de Lucifer en el Cielo. Rebelión en la cual, Lucifer, guiado por la soberbia y la envidia, no aceptó la existencia del hombre y se rebeló contra Dios queriendo ser como Él, engañando para ello al hombre, vendiéndole la moto, es decir, la manzana del "conocimiento" (puesto que el Diablo siempre utiliza la mentira para engatusar); para que tricionaran ellos también a Dios y perdieran su humanidad perfecta, su inmortalidad, convirtiéndose así en sus lacayos.

Cabe destacar que este plan no se acabó de lograr en la URSS con el comunismo, de ahí su caída casi por arte de magia a principios de los 90 del siglo XX. Aun siendo verdad que en las primeras décadas los líderes comunistas consiguieron imponer una buena parte de su programa moral y cultural imponiendo el ateísmo, desmantelando la iglesia ortodoxa y creando un fuerte sentimiento de envidia y odio contra la nobleza y la burguesía conocido como "lucha de clases"; no lograron acabar con el patriotismo congénito de los rusos ni con su apego a la tradición, cosa que si han acabado logrando más tarde en Europa occidental, que ya estaba parcialmente corrompida por el protestantismo y el liberalismo.
El anarquismo, aun teniendo muchos puntos en común con el comunismo, al no querer imponer un estado totalitario, se configura como una ideología menos nociva o peligrosa para el mundo. Además, es utópica, cree en una predisposición innata del hombre hacia la solidaridad y la mutua colaboración (idea bastante ingenua y simplona pero atractiva). En definitiva, es algo menos "rabiosa" o iracunda que el comunismo, pero no por ello, menos dañina para las almas, puesto que la raíz del anarquismo, en la práctica, es la misma que la del comunismo, es decir, la exaltación de la soberbia contra Dios y la inversión de valores, el mal pasa a ser el bien, y el bien pasa a ser el mal. 

Es evidente que la solidaridad entre los hombres es imposible de lograr bajo una ideología materialista, puesto que si para ellos solo existe esta vida y hay que disfrutarla al máximo, el egoísmo siempre acabará prevaleciendo. De nada sirve defender algo que parece bueno a simple vista, si lo que realmente lo mueve es de origen malvado.


Archivo:Mikhail Bakunin.jpg - Wikipedia, la enciclopedia libre
Mikhail Bakunin, de familia burguesa y masón de grado 32

 
Basándose en esa traición antes descrita de Lucifer a Dios, Bakunin y compañía quisieron reproducirla en nuestro mundo, para ello apelaban a una falsa libertad extrema bajo unas supuestas buenas intenciones, al igual que hizo su maestro diabólico con Adán y Eva, siempre ayudándose de una mentira bien adornada; una falsa libertad que en realidad esclaviza y lleva a la desesperación e infelicidad a los hombres, puesto que los deseos mundanos nunca se sacian y siempre se quiere más. 

Estas ideologías explotan la soberbia, el egoísmo, la envidia, la codicia y la lujuria... Nada de autoridad! via libre a todos nuestros caprichos! queremos sexo libre! queremos hacer siempre lo que nos de la gana! no queremos ser responsables! Muerte a los que viven mejor que nosotros! Muerte a los que piensan diferente!... todo esto bajo la premisa de querer un mundo "igualitario y justo", premisa que solo se queda en la teoría, puesto que dichas ideologías por mucho que supuestamente persiguieran fines nobles, se basaban como hemos visto, en antivalores, en lo más despreciable del ser humano, como la envidia y la soberbia desmedida, y siempre conducen a establecer la tiranía y la injusticia allá por donde pasan.

Los autores anarquistas en especial se centran en los peores defectos que puede tener el ser humano para engatusarlo, aprovechándose de sus debilidades, saben que así es muy fácil convencer a las masas, diciéndoles no la verdad, si no lo que quieren oir, adulándolos y alimentando su ego, sobretodo a los más ignorantes pero también a otros que siendo medianamente "cultos" caen en su engaño bajo la trampa de la vanidad y el amor a sí mismo, ya que al abrazar estas ideologías acaban creyéndose superiores al resto de mortales, algo que como veíamos anteriormente es muy propio del "colega" Lucifer. Esta inversión de valores ha tenido muchos frutos que hoy podemos apreciar por ejemplo en la ideología de género, en la destrucción de la moral y la familia, en la falsa solidaridad ligada al fenómeno de la inmigración masiva, en el aborto o en el feminismo radical, además siempre disfrazan estos objetivos como si fueran un bien aparente, ocultando el mal que en realidad producen. 

En lo social, los valores de la izquierda han sido impuestos en todo occidente por las élites en las últimas décadas, todos podemos verlo. En cambio, en lo económico, como ya no necesitan el cebo izquierdista para con la clase obrera, dado que que han sustituido al proletariado por otra serie de colectivos, como el LGBT, las feministas y ciertas minorías étnicas, prefieren la socialdemocracia que es les renta mucho más. Capitalismo mezclado con políticas propias del marxismo cultural. En la Escuela de Frankfurt se dieron cuenta de que eso es lo que necesitaban para acabar imponiendo un mundo globalizado, anticristiano y fácil de controlar. El comunismo y el anarquismo tuvieron un importante papel para lograr los objetivos globalistas, pero no acabaron de cuajar. Eso de liberar al proletariado y demás solo les "importaba" cuando éstos eran útiles para lograr sus objetivos, era solo un señuelo, para ellos los obreros eran solo carnaza, tropa de choque.

Tanto anarquistas como comunistas, desde el más ignorante al más culto, critican al cristianismo desde la más absoluta ignorancia, dado que no lo conocen en profundidad, se quedan solo en lo superficial, y haciendo uso indiscriminado de la demagogia se dedican a ridiculizar la religión sin utilizar nunca argumentos de peso (mediante la falacia del hombre de paja normalmente); incluso suelen calificar el cristianismo de "secta" cuando ellos con su ideología tienen un comportamiento muchísimo más sectario que muchas sectas reales. Su único argumento es la defensa de esa supuesta libertad de la que tanto se les llena la boca, libertad que en realidad es libertinaje, envidia e inmadurez, que solo les conduce a la esclavitud.

Desde aquí queremos decir a todos aquellos conozcan a gente que crea o simpatice con el anarquismo, pero que aun no se han convertido en malas personas llenas de odio, en seres narcisistas irresponsables que tanto abundan hoy en dia en la extrema izquierda, que les hagan saber que para tener la cabeza bien amueblada y tener una opinión bien formada deben conocer también los argumentos del "enemigo" por eso les invitamos a que lean libros cristianos aptos para cualquiera, como Mero Cristianismo de C.S. Lewis; puesto que, teniendo en cuenta el sentido común, para poder estar en contra de algo primero hay que conocerlo, de lo contrario se cae en el más vil fanatismo.



Caballero de Occidente

sábado, 3 de noviembre de 2018

La mitología nórdica no es una alternativa al cristianismo, sino un complemento cultural.

Desde hace unas décadas parece que se intenta crear una pseudo-religión con la mitología nórdica sobretodo, en un intento de reavivar el paganismo nórdico, juntando cuatro ideas por aquí y cuatro símbolos por allá, siendo más una posición cultural que religiosa, contraponiéndola al cristianismo, desde un desconocimiento total sobre este último motivado por la profunda descristianización de la sociedad y la imposición de la modernidad relativista.

La mitología nórdica o clásica no es una alternativa como religión al cristianismo, ya que es mucho más simple e inferior en grado doctrinalmente, sin una liturgia, tocando solo superficialmente el conocimiento espiritual, centrándose más en lo cultural como los mitos y algunas costumbres, cualquiera puede comprar un libro sobre mitología nórdica y uno de introducción al cristianismo para comparar y darse cuenta de ello. La mitología nórdica al igual que la griega puede actuar parcialmente como complemento cultural del catolicismo y así es como ha sido a lo largo de nuestra historia. La Iglesia Católica desde los tiempos de la Roma Imperial ya se encargó de conservar todo lo pagano que consideraban válido, como la filosofía griega, la mitología o determinadas festividades y costumbres. El Obispo Newman, docto en mitología y filosofía afirmó que “La naturaleza era una parábola, la Escritura era una alegoría; la literatura pagana, la filosofía, y mitología, adecuadamente entendidas, eran una preparación para el Evangelio. Los poetas griegos y sabios eran en un sentido profetas".

El mito de Odin, cuando se crucifica en el árbol de la vida o cuando da su ojo, a cambio del conocimiento de las runas y de la sabiduría espiritual, es un claro ejemplo de mito que casa con la doctrina católica, la cual afirma que mediante el sacrificio, mediante la vida dura, se consigue alcanzar un nivel espiritual superior, acercarse a Dios.
JRR Tokien, heredero de la fe de su tutor Francis Xavier Morgan, impregnó con su fe católica el Señor de los Anillos, adornándolo con elementos mitológicos, sobre este tema él mismo aseguraba que “La mitología es el eco divino de la verdad”. A su vez Newman, que fue profesor del tutor de Tolkien, decía que tanto la mitología como la filosofía pagana bien entendidas eran una preparación para el evangelio.

  El Señor de los anillos, una obra maestra impregnada de Catolicismo, el anillo 
  representa la manzana del pecado original, Sauron a Lucifer, Aragorn a Cristo Rey,
  Galadriel a la Virgen, y la aventura de Frodo el camino de la iniciación cristiana.

Con otro tema como el Valhalla, es una muestra de que como religión era incompleta, ya que solo podían gozar de éste, los guerreros caídos en combate (no todos), la gente normal aunque fuese buena iba al inframundo, una especie de infierno pero más tranquilo, sin castigos, luego la gente mala iba a una parte del inframundo que era igual que el infierno. Los pueblos germanos solo tenían como vía para ir al cielo la muerte en combate, en cambio la religión católica, tiene la via de la contemplación y de las buenas obras, así como la de la acción, que consistiría por ejemplo en morir luchando por una causa justa o como mártir, siendo por lo tanto muchísimo más completa y racional que las creencias nórdicas.


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Representación germánica de Cristo como un guerrero heróico que derrota a satanás (la serpiente).

Al ser el cristianismo muy superior en cuanto a doctrina, filosofía de vida y ritos, todos los pueblos germánicos se convirtieron masívamente a éste, y no fue solo por cuestiones políticas como los contrarios al cristianismo aducen, ya que en muchos casos éste cambio les trajo rebeliones y problemas muy graves, como a Recaredo o a varios reyes nórdicos como Harald Blatand o Olaf I de Noruega, otro caso muy interesante de conversión es el de Vladimir I de Kiev, que cristianizó Rusia. La razón principal fue por convicción propia en la gran mayoría de casos, con Recaredo en concreto además pesaba el hecho que el pueblo visigodo se estaba convirtiendo masivamente al catolicismo desde el arrianismo (ya habían dejado de ser paganos en el siglo IV, véase Ulfilas, el obispo godo que los cristianizó), además hubo casos concretos de conversión mística en algunos gobernantes vikingos como los antes citados Olaf I y Vladimir I.

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 Conversión de Recaredo I de España

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  Olaf I destruyendo un ídolo de Thor

Como conclusión, se puede asegurar con plena certeza que un cristiano, puede ser un apasionado de la mitología, ya sea nórdica o greco-romana, ya que actúa como complemento de riqueza cultural y nunca realmente como una religión alternativa, los que creen que la mitología nórdica hoy en dia es una religión o algo parecido, lo hacen por puro desconocimiento sobre lo que es una religión.
Ya no entramos a valorar las creaciones artificiales neopaganas y new age que surgieron el siglo pasado, la mayoría de ellas de corte gnóstico (el gnosticismo es el pilar central de la doctrina masónica) e incluso con detalles abiértamente luciferinos-satánicos como el esoterismo "nórdico", de origen cripto masónico. Esto lo haremos más adelante, en otro artículo.



Caballero de Occidente

Fuentes: 

"John Henry Newman: Una biografía", de Ian Ker.
"http://www.forumlibertas.com/hijos-de-la-misma-luz-el-cardenal-j-h-newman-y-j-r-r-tolkien/"
"https://lamazmorradelpoliedro.blogspot.com.es/2014/02/biografia-jrr-tolkien-el-senor-de-los.html"
Wikipedia "Cristianización de Escandinavia"
"Mitología nórdica" de Enrique Bernárdez

domingo, 7 de octubre de 2018

Desmontando a Nietzsche


Ya hemos hablado de algunas de los errores que se encuentran en las teorías de Nietzsche, basadas en gran medida por un gran desconocimiento del Catolicismo y por haber recibido una educación protestante, que ya lo posicionó contra la iglesia católica y su historia desde niño sin tener otra opción, posición que siguió alimentando de adulto movido por una total falta de interés en todo lo que fuese cristiano debido al profundo resentimiento que le guardaba a su padre que era un pastor luterano, por ello jamás se interesó en informarse sobre el catolicismo y mucho menos de profundizar en él. Si se hubiese interesado por el catolicismo y lo hubiese estudiado con detenimiento, seguramente Nietzsche hubiese escrito obras de corte cristiano de gran calidad, a la altura de C.S. Lewis o Chesterton, puesto que lo cortés no quita lo valiente y aunque no se comulgue con su anticristianismo y otras tantas ideas suyas, hay que reconocer que en algunas de sus obras como Asi habló Zaratrusta se pueden encontrar planteamientos e ideas interesantes. El cristianismo protestante siempre ha atacado con vehemencia al catolicismo y está marcado por una tendencia judaizante desde sus inicios, dando una grandísima importancia al Antiguo Testamento. A su vez varias de sus ramas tienen un odio particular a San Pablo por considerarlo como el fundador de la Iglesia Católica, por ello Nietzsche tenía una visión tan manipulada y negativa sobre Pablo de Tarso y los comienzos de la Iglesia.
Nietzsche tenía una visión errónea y manipulada del Catolicismo, de ahí que hiciese críticas tan brutales contra unos supuestos valores cristianos que en realidad procedían del protestantismo y no del cristianismo, por eso escribió sobre la voluntad de poder, la inversión de valores o el übermensch, pero no creamos que al hacer estas críticas Nietzsche tenía razón o poseía la verdad, ni mucho menos, ya que al hacerlas siempre se dejaba guiar por un orgullo desmedido, una soberbia y una arrogancia sin parangón, y esos atributos no tienen nada de verdadero ni de razonable ni de bueno, ya que son atributos que llevan inequívocamente a hacer el mal, a ser egoísta y al individualismo más extremo, propio del nihilismo en el cual se basa en cierta manera el marxismo cultural que hoy predomina en Occidente y que tiene como único objetivo el satisfacer los deseos y los caprichos del individuo, por encima de todo, y por encima por supuesto de la ley natural, solo importa el hombre y éste ha de hacer lo que sea para satisfacer sus deseos mundanos por egoístas y malvados que sean. Nietzsche seguramente sin quererlo, fue una de las chispas que inició la decadencia moral que padecemos hoy, junto al relativismo moral.
Otro factor muy importante radica en la propia vida de Nietzsche que en gran parte de su etapa adulta fue un fracaso llena de desdichas y rechazos, así como su falta de moral, ya que se veía incapaz de controlar sus sentidos y específicamente su deseo sexual, era por ello por lo que realmente criticaba la moral cristiana, porque era incapaz de cumplirla y lejos de ser humilde y arrepentirse de sus errores (que le llevaron incluso a contagiarse con la sífilis que era como el sida de la época) e intentar mejorar, se enorgullecía de ellos y para justificarse desarrolló una serie de ideas que destilaban soberbia y vanidad, y que al fin y al cabo, si uno conoce la vida de Nietzsche y no ha abrazado la degeneración y la falta de moral hedonista propia del mundo moderno, se da cuenta bien pronto del fraude que suponen. Su razonamiento a grandes rasgos era el siguiente, - mi padre era un pastor cristiano luterano y mira como se lo pagó su Dios... además a mi me castiga con dolores físicos, así que me haré anticristiano! Aunque solo conozca el luteranismo y no tenga ni idea de catolicismo, me da igual, odiaré a todo cristianismo! No soy capaz de controlar mis sentidos y mucho menos mi deseo sexual, cual bestia, pero como yo soy especial es imposible que eso sea algo malo así que debe ser que tengo mi propia moral, que estoy por encima de los demás, debo ser un semidios... soy un ubermensch!... - En conclusión, su modus operandi era bastante inmaduro, vanidoso y soberbio. En consecuencia, su rechazo por todo lo cristiano por el resentimiento acumulado por la muerte temprana de su padre y el odio que tenía hacia su familia, los rechazos y desdichas que sufrió durante su vida, junto a la evidente falta de moral que predominaba en su vida, se fueron retroalimentando y con el tiempo su actitud anticristiana fue en aumento con el paso de los años, así como su amargura, acabando en demencia.
Por otro lado Nietzsche que se intenta identificar con lo fuerte y lo guerrero frente a lo débil y enfermizo, cae en una absoluta contradicción existencial, puesto que él precisamente es débil y enfermizo, siempre aquejado por sus dolencias, encerrado en su cuarto escribiendo como un ermitaño; hace lo mismo que los marxistas que critican a la burguesía por su opulencia pero luego se comportan como ellos disfrutando de todo tipo de lujos y privilegios, demostrando con ello en realidad tener un fuerte complejo y una actitud hipócrita. Nietzsche fue todo lo opuesto a lo que predicaba, fue un débil amargado que se dejó vencer por las desgracias que le fueron ocurriendo, su filosofía es en gran parte una pataleta.

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Friedrich Nietzsche

Nietzsche cada vez iba a peor debido a los achaques de la sífilis y a sus delirios filosóficos, acabó odiando a Wagner por su defensa de la moral, su “antisemitismo” y sus obras plagadas de motivos cristianos como Parsifal, acabó como un desgraciado infeliz y amargado, con una demencia que le alejó casi por completo de todo contacto humano, y que le llevó a escribir en sus últimos años Ecce homo y El Anticristo, que son sus obras más llenas de odio contra el cristianismo. Nietzsche a efectos reales fue un resentido casi toda su vida que acabó yéndose al otro mundo con un odio que no le cabía dentro, de ahí su amargura y su triste final. Este odio y resentimiento por la moral cristiana que erróneamente relaciona con la judía, le llevó a tergiversar gran parte de la doctrina y el mensaje de Jesucristo, como hemos visto en las citas bíblicas analizadas en la parte inicial del artículo. Analizando muy superficialmente el mensaje de Jesús lo identifica con la moral de esclavos, de los débiles, algo que está muy lejos de la realidad, mientras que confunde lo bueno, lo que llama la moral de los señores, con lo soberbio y extremadamente egoísta, con la falta de autodominio, adornándolo a su vez con la fuerza y el poder, con lo guerrero, para hacerlo atractivo. La antimoral dionisiaca de Nietzsche es cómoda y fácil de cumplir, puesto que da rienda suelta a las bajas pasiones del hombre y a sus ansias de autocomplacencia, que tanto protagonismo tienen en nuestra sociedad actual. En cambio la moral cristiana y de paganos virtuosos como Marco Aurelio o Aristóteles, es difícil de cumplir y más en los tiempos que corren, es dura y exigente, lo cual es una clara señal de su elevada nobleza.
Un detalle curioso y que nos dice mucho de Nietzsche es su actitud contradictoria respecto a los judíos, aunque Nietzsche atacó los principios del judaísmo, no era antisemita: en su obra sobre la Genealogía de la moral, condena explícitamente el antisemitismo y señala que su ataque al judaísmo no fue un ataque contra el pueblo judío contemporáneo, sino específicamente un ataque contra el antiguo. Así que no atacaba al sionismo internacional que ya había parecido en escena, ni a sus maniobras políticas que tanto daño estaban haciendo a Occidente (sus acciones quedaron descritas en los protocolos de los sabios de sion, libro del que no se puede poner en duda su veracidad, más que nada porque todo lo que narra se ha cumplido).
Un historiador judío que realizó un análisis estadístico de todo lo que Nietzsche escribió sobre los judíos afirma que las referencias cruzadas y el contexto dejan claro que casi todos (85%) los comentarios negativos son ataques a la doctrina cristiana o, sarcásticamente, a Richard Wagner [8].

Para acabar, uno no puede olvidarse de mencionar el gran odio que sentía por su propia tierra, es decir Alemania, y por todo lo alemán, llegando a renunciar a la nacionalidad alemana. Esto además quedó reflejado en los constantes ataques e insultos que le dedica en sus obras a los alemanes.
 

"Yo soy un aristócrata polaco pur sang (pura sangre), al que ni una sola gota de sangre mala se le ha mezclado, y menos que ninguna, la alemana." Ecce Homo, Nietzsche.


"En el fondo yo retorno una y otra vez a un pequeño número de franceses antiguos: creo únicamente en la cultura francesa y considero un malentendido todo lo demás que en Europa se considera "cultura", por no hablar de la cultura alemana. Los pocos casos de cultura elevada que yo he encontrado en Alemania eran todos de procedencia francesa." Ecce Homo, Nietzsche.



Como dato relevante en relación con sus muestras de cariño hacia el judaísmo actual y su rechazo al judaísmo antiguo (ley mosaica), es decir a los hebreos, nos preguntamos donde encajarían según su "moral de esclavos" atribuída a ellos, los belicosos y audaces Macabeos, que se alzaron en armas contra el Imperio Seléucida y vencieron contra todo pronóstico, estableciendo un reino de Israel independiente durante casi un siglo... judíos de la antigüedad que eran fuertes guerreros belicosos y orgullosos que se levantaron en armas para defender su fe... Que opinaría Nietzsche de esto?... Pues no lo sabemos pero alguna película se montaría para justificarlo seguramente. La filosofía y los analisis de Nietzsche tienen muchísimos errores y lagunas, sobretodo en referencia al cristianismo y al paganismo... Todo esto da que pensar...
¿Por qué después de muerto han encumbrado tanto a Nietzsche? ¿Habría sucedido lo mismo si no hubiese atacado con tanto odio al cristianismo y a Wagner? ¿Habría pasado lo mismo si no hubiese condenado el antisemitismo?... No lo sabemos con seguridad pero nos podemos hacer una idea ya que es evidente que sus constantes ataques a la civilización cristiana occidental y a la moral eran muy útiles para la agenda sionista y los planes de la masonería.


"La mediocridad, posiblemente, consiste en estar delante de la grandeza y no darse cuenta." G. K. Chesterton



Caballero de Occidente

miércoles, 8 de agosto de 2018

VIII Cartas del Diablo a su sobrino, sobre los tiempos de duda y tribulación

Esta carta forma parte del libro de C.S. Lewis (gran amigo de Tolkien) Cartas del diablo a su sobrino, en ellas el que escribe es el Diablo Escrutopo, que se comunica con su sobrino, el cual está bajo sus órdenes.

Mi querido Orugario:

¿Conque tienes "grandes esperanzas de que la etapa religiosa del paciente esté
finalizando", eh? Siempre pensé que la Academia de Entrenamiento se había hundido
desde que pusieron al viejo Babalapo a su cabeza, y ahora estoy seguro. ¿No te ha hablado nadie nunca de la ley de la Ondulación?
Los humanos son anfibios: mitad espíritu y mitad animal. (La decisión del Enemigo de
crear tan repugnante híbrido fue una de las cosas que hicieron que Nuestro Padre le retirase su apoyo.) Como espíritus, pertenecen al mundo eterno, pero como animales habitan el tiempo. Esto significa -que mientras su espíritu puede estar orientado hacia un objeto eterno, sus cuerpos, pasiones y fantasías están cambiando constantemente, porque vivir en el tiempo equivale a cambiar. Lo más que pueden acercarse a la constancia, por tanto, es la ondulación: el reiterado retorno a un nivel de que repetidamente vuelven a caer, una serie de simas y cimas. Si hubieses observado a tu paciente cuidadosamente, habrías visto esta ondulación en todos los aspectos de su vida: su interés por su trabajo, su afecto hacia sus amigos, sus apetencias físicas, todo sube y baja. Mientras viva en la tierra, períodos de riqueza y vitalidad emotiva y corporal alternarán con períodos de aletargamiento y pobreza.
La sequía y monotonía que tu paciente está atravesando ahora no son, como gustosamente supones, obra tuya; son meramente un fenómeno natural que no nos beneficiará a menos que hagas buen uso de él.
Para decidir cuál es su mejor uso, debes preguntarte qué uso quiere hacer de él el Enemigo, y entonces hacer lo contrario. Ahora bien, puede sorprenderte aprender que, en Sus esfuerzos por conseguir la posesión permanente de un alma, se apoya más aún en los bajos que en los altos; algunos de Sus favoritos especiales han atravesado bajos más largos y profundos que los demás. La razón es ésta: para nosotros, un humano es, ante todo, un alimento; nuestra meta es absorber su voluntad en la nuestra, el aumento a su expensa de nuestra propia área de personalidad. Pero la obediencia que el Enemigo exige de los hombres es otra cuestión. Hay que encararse con el hecho de que toda la palabrería acerca de Su amor a los hombres, y de que Su servicio es la libertad perfecta, no es (como uno creería con gusto) mera propaganda, sino espantosa verdad. Él realmente quiere llenar el universo de un montón de odiosas pequeñas réplicas de Sí mismo: criaturas cuya vida, a escala reducida, será cualitativamente como la Suya propia, no porque Él las haya absorbido sino porque sus voluntades se pliegan libremente a la Suya. Nosotros queremos ganado que pueda finalmente convertirse en alimento; Él quiere, siervos que finalmente puedan convertirse en hijos. Nosotros queremos sorber; Él quiere dar. Nosotros estamos vacíos y querríamos estar llenos; Él está lleno y rebosa. Nuestro objetivo de guerra es un mundo en el que Nuestro Padre de las Profundidades haya absorbido en su interior a todos los demás seres; el Enemigo desea un mundo lleno de seres unidos a Él pero todavía distintos.
Y ahí es donde entran en juego los bajos. Debes haberte preguntado muchas veces por qué el Enemigo no hace más uso de Sus poderes para hacerse sensiblemente presente a las almas humanas en el grado y en el momento que Le parezca. Pero ahora ves que lo Irresistible y lo Indiscutible son las dos armas que la naturaleza misma de Su plan le prohíben utilizar. Para Él, sería inútil meramente dominar una voluntad humana (como lo haría, salvo en el grado más tenue y reducido, Su presencia sensible). No puede seducir.
Sólo puede cortejar. Porque Su innoble idea es comerse el pastel y conservarlo; las criaturas han de ser una con Él, pero también ellas mismas; meramente cancelarlas, o asimilarlas, no serviría. Está dispuesto a dominar un poco al principio. Las pondrá en marcha con comunicaciones de Su presencia que, aunque tenues, les parecen grandes, con dulzura emotiva, y con fáciles victorias sobre la tentación. Pero Él nunca permite que este estado de cosas se prolongue. Antes o después retira, si no de hecho, sí al menos de su experiencia consciente, todos esos apoyos e incentivos. Deja que la criatura se mantenga sobre sus propias piernas, para cumplir, sólo a fuerza de voluntad, deberes que han perdido todo sabor. Es en esos períodos de bajas, mucho más que en los períodos de altos, cuando se está convirtiendo en el tipo de criatura que Él quiere que sea. De ahí que las oraciones ofrecidas en estado de sequía sean las que más le agradan. Nosotros podemos arrastrar a nuestros pacientes mediante continua tentación, porque los destinamos tan sólo a la mesa, y cuanto más intervengamos en su voluntad, mejor. Él no puede "tentar" a la virtud como nosotros al vicio. Él quiere que aprendan a andar y debe, por tanto, retirar Su mano; y sólo con que de verdad exista en ellos la voluntad de andar, se siente complacido hasta por sus tropezones. No te engañes, Orugario. Nuestra causa nunca está tan en peligro como cuando un humano, que ya no desea pero todavía se propone hacer la voluntad de nuestro Enemigo, contempla un universo del que toda traza de Él parece haber desaparecido, y se pregunta por qué ha sido abandonado, y todavía obedece.
Pero, por supuesto, los bajos también ofrecen posibilidades para nuestro lado. La próxima semana te daré algunas ideas acerca de cómo explotarlos.
Tu cariñoso tío,

ESCRUTOPO

sábado, 28 de julio de 2018

Contra el falso cristianismo hippie. La Santa Ira

A veces recibo reconvenciones de hipócritas que reprochan mis palabras gruesas e injuriosas, mis intemperancias y raptos coléricos; aunque, más frecuentemente, los hipócritas, en lugar de decírmelo a la cara, se dirigen a quien puede hacerme más daño. Es cierto que a veces deslizo expresiones agrias en mis artículos; pero siempre van dirigidas contra iniquidades que claman al cielo, o contra los canallas que las conciben y ejecutan, por lo que mucho más escandaloso sería callar. Pero el hipócrita, bajo sus modales suavones y sus afectaciones pazguatas, es siempre un monstruo de iniquidad que desea que las iniquidades queden impunes. Mucho me repugnan los reproches de los hipócritas; pero mucho más todavía me repugna que, para reconvenirme, me digan melifluamente que es «muy poco cristiano» adoptar actitudes arriscadas, porque lo que Jesús deseaba es que fuésemos mansos y pusiésemos la otra mejilla.

Tal sonsonete se funda, naturalmente, en una imagen totalmente tergiversada de Cristo, que cuando exhortaba a la mansedumbre no nos estaba pidiendo que fuésemos unos eunucos con horchata en las venas, ni unos pánfilos miramelindos, ni unos moderaditos inofensivos, sino personas que acatan dócilmente la voluntad divina. Tampoco cuando emplea la imagen retórica de poner la otra mejilla nos está pidiendo Cristo que nos convirtamos en unos seres pasivos que se dejan vapulear por sus agresores, sino que nos recuerda que Dios está con quien recibe una agresión por su causa; y que debemos hacérselo ver al agresor, para que entienda que el daño de su bofetada es ínfimo, comparado con el beneficio de la caricia divina. Que Jesús fue misericordioso y compasivo ante las debilidades del prójimo es algo que está fuera de toda duda; pero que fuese ese ser almibarado y merengosín que pretenden ciertos hipócritas, una especie de paladín del pacifismo más bobalicón y soplagaitas, es falso de toda falsedad. Jesucristo fue el Cordero de Dios, pero también el León de Judá; y de sus rugidos y zarpazos están llenos los Evangelios, que basta leer para que este falso Jesucristo de pitiminí que los hipócritas han construido se derrumbe ante nuestros ojos. Cuando leemos los Evangelios descubrimos, por ejemplo, que Jesús empleaba palabras consoladoras para sanar a los afligidos; pero descubrimos que también empleaba silencios enigmáticos, respuestas irónicas, parábolas terribles, discursos airados y hasta arrebatos coléricos. Jesús, en fin, nada tiene que ver con un predicador capón y melifluo que sonríe condescendiente ante las travesuras de los hombres, a los que mira con plácida benignidad; por el contrario, se revuelve viril y enojado contra los hombres cuando los sorprende en falta, los maldice e increpa con palabras acres, los reprende sin paños calientes y, llegado el caso, se lía a zurriagazos con ellos.

Esta santa ira nos sobrecoge a veces por su ferocidad; pero nos sobrecoge todavía más porque estalla cuando menos lo esperamos. Así, por ejemplo, en el Cenáculo, cuando Pedro se pone suavón y pazguato y lo invita a rehuir la Pasión, Jesús le lanza un anatema brutal (sobre todo teniendo en cuenta que antes lo ha elegido su vicario en la Tierra): «Apártate de mí, Satanás». No tiene empacho Jesús en llorar amorosamente sobre la ciudad que está a punto de inmolarlo; pero tampoco tiene empacho en profetizar que Cafarnaum y Betsaida padecerán mayor condena que Sodoma. A la higuera estéril la maldice, aunque como el mismo evangelista reconoce «no era tiempo de higos». A los mercaderes que se habían instalado en el atrio del templo los expulsa sin miramientos, armado de un látigo. Y a los fariseos les lanza una portentosa filípica, sin recatarse de acribillarlos con las palabras más gruesas e injuriosas: «Raza de víboras, sepulcros blanqueados», etcétera.

Y, en fin, no encontramos en toda la predicación de Cristo ninguno de los tópicos habituales a favor de la paz que tanto gustan de atribuirle los hipócritas. No hallamos en sus palabras ninguna execración de la guerra; y hasta llegó a cultivar cierta amistad con algunos soldados romanos. La paz que repartía a manos llenas entre sus seguidores nada tiene que ver con la paz del mundo, sino con la paz del alma, que se llena de la fragancia de los nardos cuando Dios anida dentro de ella. Y, en fin, Jesús nos advierte sin ambages que no ha venido a traer la paz, sino la espada, y a revolver al hijo contra el padre y a la nuera contra la suegra. Nada más natural, pues, para afrontar tales batallas, que armarse de santa ira. El León de Judá nunca dejó de mostrarse airado ante quienes lo merecían; y reservó sus iras mayores para los bellacos hipócritas.



Juan Manuel de Prada

sábado, 14 de julio de 2018

Oración del hombre nuevo

Concédeme, Señor,
SERENIDAD para aceptar las cosas que no puedo cambiar;
VALOR para cambiar lo que puedo;
SABIDURÍA para conocer la diferencia.

Revestiros del hombre nuevo” (Ef 4, 20-24)

martes, 3 de julio de 2018

Chesterton contra Nietzsche

La timidez del pensamiento de Nietzsche

[Algunos] hablan como si el paso del tiempo supusiera cierta superioridad; de modo que incluso un hombre de fino intelecto afirma despreocupadamente que la moralidad humana no está nunca al día. ¿Cómo va a estar algo al día? Una fecha no imprime carácter. ¿Cómo vamos a decir que la celebración de la Navidad no es propia del día veinticinco de un mes determinado? A lo que se refería, claro está, el escritor es a que la mayoría va por detrás -o por delante- de su minoría preferida. Otros imprecisos pensadores modernos se refugian en metáforas materiales; de hecho, ésa es la marca de fábrica de los modernos imprecisos. Como no se atreven a definir su doctrina de lo que es bueno, recurren sin el menor reparo a figuras retóricas y, lo que es peor, lo hacen convencidos de que esas analogías baratas son exquisitamente espirituales y superiores a la antigua moralidad. Así, consideran muy intelectual decir que las cosas son “elevadas”, cuando en realidad es todo lo contrario: tan sólo una frase dicha desde un campanario o una veleta. “Tommy es un buen chico” es una proposición filosófica, propia de Platón o Aquino. “Tommy llevaba una vida elevada” es una burda metáfora extraída de la regla de los tres metros (Nota nº 2: Según la cual hay que saludar a cualquier persona que esté a menos de tres metros de nosotros).



En eso, dicho sea de paso, radica toda la debilidad de Nietzsche, a quien algunos tienen por un pensador fuerte y arriesgado. Es innegable que fue un pensador poético y sugerente, pero no era ni fuerte ni arriesgado. Nunca tuvo el valor de decir lo que pensaba con claras palabras abstractas, como hicieron Aristóteles, Calvino o incluso Karl Marx, que eran pensadores valientes e implacables. Nietzsche siempre escapaba a las preguntas con una metáfora del mundo físico, como haría un poeta menor. Dijo: “más allá del bien y del mal”, porque no tuvo el valor de decir: “mejor que el bien y que el mal” o “peor que el bien y que el mal”. Si se hubiese dejado de metáforas, habría visto que eso era un disparate. Así, cuando describe a su héroe, no se atreve a decir: “el hombre más puro”, “el hombre más feliz” o “el hombre más triste”, pues eso serían ideas y las ideas le asustan. Dice: “el hombre superior”, o “el superhombre”, que son metáforas físicas propias de acróbatas o de alpinistas. Nietzsche es un pensador muy tímido. En realidad, no tiene ni idea de qué hombre quiere que produzca la evolución. Y si él no lo sabe, desde luego los evolucionistas normales que dicen que las cosas son “elevadas”, tampoco.



Chesterton, Gilbert Keith. Ortodoxia

lunes, 25 de junio de 2018

Los deseos...

«Los deseos conducen a la permanente preocupación y decepción,
ya que todo lo que se desea de este mundo es miserable y corrupto.»

Marco Aurelio, Emperador Romano (121-180 d.c.).

martes, 12 de junio de 2018

En el mundo habrás de luchar

«Pero para ti, en el mundo está el campo de acción; en el mundo tienes que santificarte; en el mundo habrás de luchar hasta que la muerte destroce tu cuerpo para hacer posible su resurrección.
No entres en el mundo con miedo. Comienza tus dias con paso firme mirando al sol. No tengas miedo a la vida. Somos los amigos de la luz.
Nos preocupa el mundo y nada de él nos es despreciable. Ama a los hombres, ama a tu tierra, ama a tu cuerpo y tu juventud. Si ha de ser el compañero de tu alma ¿por qué olvidarlo?
Nada de cuanto ocurre en el mundo puede carecer de importancia para ti. El roce con el mundo te hará más hombre, te moldeará el carácter, te dará bríos. Más adelante santificarás el ambiente.
Un espíritu joven, combativo y optimista, lleno de empuje humano y de recia visión sobrenatural, transformará el ambiente con una facilidad que a muchos les dará pasmo.

 ... ¿Por qué despreciar esta tierra? ¿Por qué despreciar esta patria, si en esta tierra es donde los hombres se hacen santos? Aquí, en el mundo, fue donde Cristo, perfecto Dios y perfecto Hombre, quiso vivir treinta y tres años entre nosotros; aquí, en esta tierra que tanto dicen menospreciar algunos, quiso desarrollar su personalidad el Hombre que mayor personalidad ha tenido entre los hombres, y nadie existe ni vendrá, que se le pueda comparar.»


El valor divino de lo humano, Jesús Urteaga.

miércoles, 23 de mayo de 2018

domingo, 20 de mayo de 2018

A los hipócritas que alardean de sus buenas obras

«Cuando des limosna, no vayas tocando la trompeta delante de ti, como hacen los hipócritas en las calles y en las sinagogas, para ser alabados de los hombres; en verdad os digo que ya recibieron su recompensa».
«Y cuando oréis, no seáis como los hipócritas.»
«Cuando ayunéis, no aparezcáis tristes como los hipócritas.»
Son tres pasajes del mismo punto de Mateo (VI, 2, 5 y 16).

El valor divino de lo humano, Jesús Urteaga.

miércoles, 9 de mayo de 2018

Virtudes del Caballero Cristiano

 


- Coraje
Los caballeros debían soportar sacrificios personales para servir los ideales y a las personas necesitadas. Esto implica el elegir mantener la verdad a toda costa. El valor no significa arrogancia, sino tener voluntad de hacer lo correcto y luchar por lo que es justo aunque tengamos todo en contra, un caballero jamás debe quedarse de brazos cruzados ante la acción del mal, debe combatirlo siempre.

- Justicia
Para los caballeros era muy importante buscar la verdad por encima de todo, los caballeros no buscaban su beneficio personal. La honra y la honestidad son las señas del buen caballero. Todo caballero debe ser humilde y fuerte a la vez. La justicia debe ser aplicada en su justa medida, sin excesos ni escasez. Un caballero no debe ser cruel ni demasiado indulgente.

- Fe
Los caballeros debían tener una firme fe en Dios, así como seguir los sacramentos, esto les permitía llevar a cabo toda una vida de sacrificios y ser fuertes ante las tentaciones, dándoles la gracia y la fuerza necesarias para combatir a los malvados del mundo.

- Caridad
La caridad es la virtud de amar a Dios por encima de todas las cosas, más que a si mismo; es una virtud contraria al egoísmo. El caballero debe ser amador del bien común, porque el bien común es mayor y más necesario que el bien particular. Todo caballero debe ser generoso con los suyos y también con los que lo merecen, como los débiles y los necesitados

- Esperanza
Con la esperanza se vigoriza y se endurece el coraje del caballero. Por la esperanza que ponen en Dios, reciben de Dios ayuda. La esperanza hace sufrir con calma los trabajos y las dificultades que sobrevienen, la esperanza aventura a los caballeros en los peligros que afrontan. Sin esperanza uno no puede ser caballero.

- Templanza
El caballero debe dominar sus pasiones, no al revés, mediante la moderación y el autodominio de uno mismo. Un caballero debe ser moderado en el comer, en beber y en hablar. Además debe ser moderado con sus riquezas, esto no significaba abstenerse de ellas sino, no utilizarlas vanamente. El caballero debía controlar sus apetitos sexuales, guardando castidad. La templanza es una virtud que está en medio de dos vicios, el uno es pecado por superabundancia, y el otro por excesiva escasez. Sin templanza no se puede mantener el honor de la caballería.


- Lealtad
Todo caballero juraba defender fervientemente sus ideales, a la Iglesia, a sus señores, a su pueblo y su patria, dando la vida si fuese necesario. La lealtad es propia de los caballeros y de la hermandad que estos tienen con otros caballeros que les acompañan en batalla.


Estas son las siete virtudes principales de la Orden de Caballería, que se basan en las siete virtudes cristianas. Además de las virtudes principales, existen otras virtudes complementarias como la nobleza, la fortaleza o la prudencia.

Caballero de Occidente

domingo, 29 de abril de 2018

La brevedad de la vida. Quod sumus hoc eritis.

I. Considera cuántos empezaron contigo a correr el curso de la vida de este año, que se quedaron en el camino, y no llegaron al fin como haz llegado tú. Vuelve los ojos atrás, y míralos en los sepulcros comidos de gusanos, que acabaron sus roles en la farsa de este mundo, y no les duraron todo el año cómo ellos pensaron. Mira sus designios burlados, sus trabajos perdidos, sus haciendas confiscadas en la aduana de la muerte, las cuales ahora mismo gozan otros. Su fama se deshizo como el viento, y todo pasó como sombra, y de ellos apenas hay memoria. Y reconoce la fragilidad de esta vida y sus engaños, y que todo es locura, si no se aprovecha sólo para buscar la eterna y lo que dura para siempre. Considera qué sentirías si te hubieras quedado en el camino como ellos, y que dentro de poco tiempo será de ti lo que ha sido de ellos. Coteja lo presente con lo eterno, que nunca se ha de acabar. Extiende los ojos por aquel año que empezará el día de tu muerte, y no ha de tener fin ni sucesión de otro, sino que  ha de durar  y continuarse sin término, ni remate, ni límite, ni fin, ni día postrero,   mientras Dios fuere Dios, con dos destinos inevitables: o el cielo o el infierno. Y hallarás que la más larga vida en este mísero mundo es como un punto respecto de la eterna y como una gota de agua respecto a todo el mar; y exclama con admiración y llanto, viendo la ceguera de los hombres, pues por gozar de un soplo de vida tan breve y engañosa, pierden la eterna y verdadera. Pide al Señor que no te permita caer en tal engaño, y que te dé luz y gracia para despreciar lo temporal y codiciar solamente lo eterno.
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II. Tiende los ojos por los sucesos de este año pasado, y considera las mudanzas que ha tenido, los varios acaecimientos, los fracasos y desgracias, la caídas de los unos y el resurgimiento e incremento de los otros. Entra dentro de tí mismo y considera lo que ha pasado por ti en el decurso de este breve tiempo, la variedad de afectos, de alegría y de tristeza, ya de contento, ya de descontento, las turbaciones de ira y enojo, los días buenos y malos, la mengua de salud. El desmedro en lo temporal y espiritual. Las ocasiones de impaciencia contigo y con los hombres; la variedad del clima y la inestabilidad de todo cuanto está debajo del cielo. Y hallarás que no tiene la luna tantas fases, ni cambia el camaleón tantos colores al día, como lo han sido las mudanzas de tu corazón en lo que has vivido este año. Desengáñate de lo temporal, y deseos de despreciar vida tan engañosa y mudable, y anclar firmísimamente en la verdadera y constante, que es la espiritual y santa que nos está enseñando el Hijo de Dios desde que entra en este mundo hasta que sale. Pon los ojos en la tranquilidad de ánimo que gozan los siervos de Dios, resignados y seguros en su santa voluntad, sin tener otro deseo que lo que Dios quiere o no quiere. Mira cómo, aunque corran los años no los desperdician, porque los invierten en santas obras, de las que han de gozar para siempre; pero los malos los pierden, porque dejan pasar el tiempo en vano, y así se quedan sus años vacíos y sus días inútilmente gastados. Acuérdate que el tiempo pasado nunca vuelve, y que no has de ver más este año que pasó, y logra el que Dios te da para bien de tu alma. Llora el tiempo perdido, y enmienda la vida porvenir.


Fuente:
Adelantelafe.com